Una historia con números

Cuando éramos pequeños mi padre nos contaba historias como esta al socalor de la lumbre.
Antaño, el Tomás y el José fueron a la feria de Soria a vender unas yuntas de bueyes ya
domados que el año de antes habían mercado como novillos resabiados en la de Almazán a
cuenta de unas lechigadas de cochinos.

Salieron de madrugada pues había que ir andando y hacer noche donde pillara, al raso o en
algún corral si el tiempo no acompañaba, que los bueyes son de andar sereno y había mucho
camino por delante. Así que con el capote puesto, la manta al hombro, la taleguilla con una
hogaza pan, una fiambrera de lata con unos cachos de chorizo de la orza, media güeña de la
última matanza, las botas de vino bien pujadas y recién untadas con pez para que no
perdieran ni una gota, que no era cuestión de desperdiciar nada, arrearon camino de San
Leonardo al ante para subir carretera arriba hasta Soria.

En cuanto que llegaron al otro día a las eras de Santa Bárbara , que es adonde estaba la feria y
como no podía ser de otra manera, pues por el capote reconocían a los del Coto de
Fuentearmegil y tenían fama de hacer buena labor con la doma de los bueyes, no tuvieron
dificultad en vender las yuntas a buen precio a unos del Campo de Gómara que andaban
siempre ojo avizor al buen ganado.

Hecho el negocio y con los cuartos en la faltriquera se fueron a comer a un Mesón, que un día
es un día.

Comieron arroz, pollo asado, un cacho de tarta, tuvieron que pedir dos cuartillos de vino para
cada uno pues uno se les hizo poco y café con un chorrito de aguardiente, que eso, un día es
un día y……..

– ¿Te acuerdas José cuando fuimos a Madrid a negociar la compra del Coto con el
administrador del Conde? , fíjate que este, era amo hasta de los moqueros, las rodillas y de los
huevos que ponían las gallinas. Antes de volver para el pueblo pasamos por la Taberna esa que
tenía un letrero que ponía Café de no se qué , ande había un figurín en la puerta vestido con
una casaca a modo de carabinero, que hasta que no sacamos el fajo billetes de la entrefaja no
nos quería dejar entrar ja, ja, ja.. Y luego fueron todo sonrisas y parabienes, señores por aquí,
señores por allá, claro, con las pintas que llevábamos en comparanza con los señoritingos que
había dentro que parecían todos ministros… . El caso es que encima ni vendían chatos de vino,
ni arenques saladas, ni escabeche de barril y pedimos lo que estaban tomando los
parroquianos de las mesas, pues no teníamos ni idea de lo que era un café ni como se pedía.
Cuando nos sirvió el mozo en las tazas y el Fausto después de echar un trago, que quemaba
como un demonio y estaba muchísmo amargo se comió el azucarillo, que no sabíamos que
había que echarlo al café y le dijo al camarero: ¡eh muchacho, traime otro terrón destos de
ronchar y el caldo pa ti! Ja, ja, ja. Que recuerdos.

El caso es que se hacía tarde y pidieron la cuenta, que ascendía a siete pesetas, así que
escotaron a duro, que a escote nada es caro y de las vueltas se repartieron una peseta cada
uno y la otra se la dieron al mesonero porque no dijo nada cuando rellenaron las botas con el
vino del último cuartillo que había sobrado, que no estaba el asunto para desperdiciar nada.

La vuelta la hicieron en tren hasta San Leonardo, que un día es un día y con la panza llena y el
morro caliente se amorraron como las ovejas y el viaje se pasó en un Credo.
Pero cuando iban andando por enfrente del Molino de Arganza, algo le rondaba por la cabeza
al Tomás que no hacía más que gruñir, como una cochina mal almorzá.

El José le pregunto: ¿ que te pasa Tomás que ties mala cara?

A lo que contestó : mira José, llevo un rato dando vueltas a lo de la cuenta del Mesón que
tengo un ñudo en el cerebro y hasta me están dando ansias. Que me paice que nos han
espolicao. Vamos a ver: había que pagar siete pesetas, hamos escotao a duro, con lo que son
diez pesetas, aluego, de las vueltas nos hamos repartio a peseta , con lo que hemos pagau
cuatro pesetas cada uno, que en total suman ocho, más la que hemos dejau de propina al
mesonero a la finitiva son nueve, ¿ande demonios está la peseta que falta?

Con este pensamiento subieron arroyo arriba la cuesta del Río Lobos y llegaron hasta Santa
Maria y al pueblo ya bien entrada la noche sin encontrar respuesta a este galimatías de
números, ¿la tienes tú, lector?

3 comentarios

  1. Tambien recuerdo que la primera vez que visite el Pueblo de Fuentearmegil
    En el mes de Octubre del año 1.966 .
    Estando de Viaje de Novios en la Isla de Mallorca.
    Decidimos ir al Pueblo
    Fuimos desde Mallorca en avion hasta Madrid, y en Madrid cogimos un autocal de linea la Castellana y nos traslado a San Estevan de Gormaz.
    Sobre el atardecer nos dirigimos al Bar Bomba para coger un Taxis que nos trasladara al Pueblo.
    Y nos dijeron que no nos podian trasladar debido a que los caminos en esa epoca eran caminos de herradura y habia llovido mucho.
    No obstante nos comunicaron que en el otro Bar habia un tal Pepe que tenia Una DKW, y que era muy atrevido . Y quizas nos podria hacer llegar al pueblo
    Total que nos dice que lo puede intentar pero que si no podemos llegar hasta Fuentearmegil nos dariamos la vuelta, pero que yo le tenia que pagar las 200 pesetas.
    Ya cerca de pueblo completamente de noche.
    Encontremos al Pedro el de la tienda con el tractor y un remolque cargado de mercancias. Embarrancado en el Barro del Camino
    Acordandose de todos los Santos del Cielo!!
    Lo recogimos y nos presentemos
    Y nos dirigimos a Fuentearmegil.
    Final del trayecto

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