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Los trabajos que se hacían en el mes de marzo

El invierno camina hacia su final, y la luz del día dura más tiempo, subiendo la temperatura y amaneciendo muchos días con sol.

Es tiempo de terminar de podar los árboles, y también las viñas, atando los sarmientos en haces que dejamos extendidos para que se vayan secando poco a poco al sol.

Las ovejas han ido pariendo desde el mes de enero, y a estas alturas los rebaños ya cuentan con un buen número de recentales que van haciendo peso agarrados a las ubres de sus madres y mordisqueando las primeras hierbas al cumplir el primer mes de vida.

Desde bien temprano los hombres salían del pueblo con las yuntas llevando arados, vertederas y rastras, y al llegar cada uno a su sitio, empezaba la labor que le llevaría hasta el mediodía para hacer lo que ahora un tractor necesita sólo un rato. Si tenían que seguir hasta la puesta del sol, lo normal era que llevasen unas alforjas con la bota y la comida, o que su mujer o alguno de casa fuese al mediodía con la comida en una taleguilla.

La vertedera se empleaba para remover la tierra a mayor profundidad, mientras que el arado romano hacía los surcos más pequeños y se utilizaba para sembrar, recalcar y alzar las rastrojeras de la temporada anterior que se volvían a sembrar a la próxima añada. Las rastras es un apero formado por dos rastreles con gajos metálicos utilizado para allanar las tierras y facilitar la salida de la simiente.

En marzo se echa el nitrato para que nazcan con más fuerza los trigos, se siembra la avena y la cebada tardía dependiendo del tiempo y de la clase de simiente que tengamos.

Una tarea que iba bien con el equilibrio natural era el uso de la basura producida por los animales en todo el invierno, derramándola en las tierras como el mejor abono que existe. La gallinaza y la palomina de gallineros y palomares se llevaba a los huertos en hangarillones, echándola a la hortaliza por ser especialmente bueno para los pimientos, los tomates y las berzas. La basura de los bueyes y vacas solía dejarse amontonada en mudadales para que el paso del tiempo y el efecto de la lluvia y la nieve convirtiese poco a poco la materia orgánica en compost, mucho más rico en nutrientes para las plantas.

En los huertos pueden empezar a ponerse las primeras matas de pimientos y tomates, protegiéndolos con algún plástico o sistema de invernadero. De todos modos no estaremos libres de que en lo que queda de mes o a lo largo de abril no caiga algún helazo o vuelva a hacer mucho frío algún día y amanezca todo helado, como nos pasó a nosotros en la huerta el año pasado aunque lo teníamos todo bien a cubierto.

A primeros de mes era costumbre la celebración de concejo de vecinos para hacer trabajos para Pueblo, atendiendo las necesidades de mantenimiento de caminos, los puentes que entonces eran de madera, cubillos y otros manantiales de agua, la poda de los plantíos públicos o la siega de la hierba del prado. También se reponían los mojones para la veda de los sembrados y sitios para carear la vacada y la muletada en los meses de verano.

No quiero terminar de hablar de lo que se hacía en este mes sin decir algo de la costumbre de cantar las marzas la víspera del primer día por la noche después de juntarse todos los mozos para cenar a cuenta de lo que les daba el Ayuntamiento el pago por mondar la fuente de pueblo de los estragos del invierno. Después de la cena hacían la ronda de puerta en puerta, parándose un poco más donde vivía alguna moza casadera, y echaban al aire tonadas de raíces insondables que arrancaban sonrisas de contento a las que escuchaban detrás de las ventanas o metidas entre las sábanas:

Esta noche, esta noche entra marzo.
De media noche abajo entraremos en buen año.
De media noche arriba entraremos en buen día.
Sale marzo y entra abril, florido le vi venir…

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