La importancia del papel desempeñado

Nos remontamos al reinado del rey Alfonso VII, de 1126 a 1157. El territorio de su reino comprendía las actuales comunidades autónomas de Cantabria, Asturias, Galicia y Castilla-León, pero a su muerte decidió dividir sus dominios entre sus dos hijos, concediendo a Fernando II el reino de León con Galicia y Asturias, y a Sancho III el de Castilla y restantes tierras dominadas. El problema surgió al morir Sancho un año después de su coronación dejando a su heredero sólo con 3 años de edad, lo que despertó la ambición de Fernando, que quiso aprovechar la situación en beneficio propio. Sancho III había nombrado Regente de Castilla a Manrique Pérez de Lara, hijo del conde Pedro González de quien heredó la jefatura de su Casa nobiliaria, y participó activamente en los acontecimientos políticos del reino así como en la epopeya de la reconquista y repoblación de las tierras bajo el control de los musulmanes.

La controversia se suscitó por la custodia del menor, que había sido encomendada por el rey Sancho a Gutiérrez de Castro, próximo a las pretensiones leonesas.

Manrique de Lara convenció al tutor para que le cediese la tutela del rey niño.

Sin embargo, en los años siguientes, como consecuencia de controversias políticas y militares, los Castro defendieron los intereses del rey de León frente a los Lara, y Fernando II quiso ejercer la Regencia de Castilla y que su sobrino le concediese homenaje de sumisión en un acto que se haría en la ciudad de Soria.

Durante la ceremonia del vasallaje del rey Niño, los sorianos se opusieron a la dependencia del reino de León, y fue Don Pedro Nuño de Fuentearmegil, noble a las órdenes del conde Manrique de Lara, el encargado de ejecutar la hazaña que decantaría la dinastía de la corona de España por la línea sucesoria de Sancho III en la persona de su hijo de 3 años, que reinaría con el nombre de Alfonso VIII desde 1158 hasta 1214. El hidalgo de la Casa de Fuentearmegil alejó al rey niño de las manos del leonés, cabalgando hasta el castillo de San Esteban de Gormaz, y más tarde a Atienza y Avila, poniendo a salvo sus derechos a la corona de Castilla, evitando que el rey niño prestase homenaje vasallático a Fernando II de León.

Andando el tiempo, una hija de Alfonso VIII, Doña Berenguela, se casaría con el heredero de Fernando II, lo que propició la reunificación de ambos reinos en la persona de su primogénito, Fernando III el Santo, encargado de culminar la reconquista de las principales ciudades andaluzas, con la salvedad de los últimos enclaves en manos de los reinos de taifas musulmanes.

La actuación de Pedro Nuñez de Fuentearmegil fue crucial en el devenir de la Historia de España, consiguiendo preservar los derechos dinásticos otorgados por su padre a Sancho III, y que la constitución política de la nación española en proceso de formación, asentase sus raíces en la ciudad de Soria, lugar de nacimiento del rey Alfonso VIII, que ha pasado a la Historia con el calificativo de El Noble. Soriano desde los pies hasta la cabeza.

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