La España vaciada (10). La comunicación, un derecho que debe prestarse en condiciones de igualdad.

-¡El cartero! ¡Carta!

En tiempos, eran pocas las cartas que se recibían. Alguna del hijo que había entrado en quintas y estaba haciendo el Servicio Militar en Ceuta, o de otro que se marchaba a ganarse la vida a Bilbao o Barcelona y avisaba de cómo le iban las cosas o que volvía unos días de vacaciones por agosto para ayudar en las eras. En alguna familia tenían algún hijo en Alemania o Suiza, y se esperaban sus cartas con algo de impaciencia, que antes llegaban más de tarde en tarde porque nadie acostumbraba a escribir mucho.

La llegada del teléfono público a los pueblos en el último tercio del siglo XX se vivió como un acontecimiento, y las calles todavía se acuerdan de las voces que se pegaban cuando llamaban a alguien por conferencia y tenía que acudir dejando todo lo que estaba haciendo para que la llamada no saliese demasiado cara al que llamaba. Años más tarde, dieron la posibilidad de que cada uno pusiera un teléfono en casa, y lo pusieron casi todos los vecinos porque a todos les pareció un adelanto grande.

Pero el mayor progreso en la comunicación con los que vivían fuera se produjo poco antes del cambio de siglo con la llegada del teléfono móvil y los ordenadores ofreciendo la comunicación por Internet, que despertaron grandes espectativas hasta que la dura realidad vino a demostrar que también en esto había diferencias entre las mejores prestaciones de conectividad de las grandes ciudades y las deficiencias de conexión que sufrían las zonas más alejadas de ellas.

La implantación de la realidad virtual ha hecho posible la realización de tareas con herramientas informáticas que antes sólo sabían manejar los especialistas, y ha dejado al descubierto una vez más los condicionantes geográficos que soportan los pueblos amenazados por la despoblación. Es una evidencia que los gobernantes no han aprovechado con suficiente eficacia todas las posibilidades brindadas por la tecnología para facilitar la apertura de empresas digitales y el emprendimiento de iniciativas nuevas en sitios dotados de las condiciones medioambientales más apropiadas para los que les gustaría vivir cerca de la naturaleza y en armonía con ella.

Todavía estamos a tiempo. Es necesario garantizar la universalidad del acceso telefónico y la calidad de las conexiones móviles evitando zonas sin cobertura y desconexiones frecuentes, y facilitando el acceso a todos sin condicionantes de tiempo ni lugar. Es imprescindible reducir con urgencia la brecha digital de los pueblos menos habitados y poner a su disposición redes de la máxima velocidad y de alta calidad para que puedan gestionarse con total garantía tareas de administración electrónica, y que todos los hogares y las empresas que pagan sus impuestos en España puedan contar con conectividad con banda ancha en las mejores condiciones del mercado independientemente de su lugar de residencia.

La comunicación Es un derecho constitucional que debe prestarse a todos los españoles en condiciones de igualdad. Es, además, un requisito esencial para desarrollar actividades empresariales en cualquier parte del territorio nacional y un servicio básico para la permanencia de las nuevas generaciones y la fijación de nuevos residentes en los pueblos pequeños. Es una estrategia estructural que habría que abordar de inmediato por interés general, que cambiaría a medio plazo la inercia de despoblación que amenaza con la desertización definitiva de las extensas zonas del interior peninsular que se están vaciando a marchas forzadas. Bite a Bite. Tiempo al tiempo.

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