FELICITACIÓN DE NAVIDAD

     Por fin termina este año 2020 con sus calamidades inmisericordes, y lo recordaremos apesadumbrados toda la vida como lo recordarán también nuestros hijos y nuestros nietos del mismo modo y manera que el pueblo conserva memoria de las desgracias que asolaron estos contornos en tiempos pretéritos. Pero hay que seguir adelante.

      Las navidades de este año van a ser tristes porque van a estar tiznadas por las sombras de los que la enfermedad se ha llevado de entre nosotros, y tendremos que sobrellevar como podamos la ausencia de los que viven fuera que por prudencia no han podido venir a celebrar estas fiestas en familia. Pero de algún sitio por dentro sacaremos fuerzas cada mañana para asomarnos a la puerta y mirar a ver si ha nevado por la noche, si hay chupones en las bocacanales de los tejados o si el sol ha roto las claras del alba y se refleja en el hielo de los charcos. Arrimaremos al fuego el puchero de barro con el sesero para que se vayan haciendo las alubias o las patatas poco a poco, meneándose la corbetera toda la mañana como si estuviese bailando al son del guiso cociéndose hasta que las campanas toquen al mediodía avisando que la puchera está ya cocida.

      Ahora ya no hace frío como hacía a mediados del otro siglo, que pasábamos el día calentándonos a la lumbre ateridos.

 Por este tiempo mi padre todos los años escogía la raja más grande de la leñera y la asomaba a las primeras lenguas de llama para que se fuese quemando lentamente, cubriéndola de ceniza cuando nos íbamos a la cama y volviendo a reavivarla al día siguiente. Cuando venía mi abuelo Santiago a vernos y se sentaba un rato al amor de la lumbre entre nosotros, se quedaba en silencio mirando el progreso de la raja quemándose, y nos contaba que antiguamente en todas las casas ponían en la chimenea un tronco sagrado de corazón de encina al que llamaban Nochebueno, encomendándole que llevase el fuego del hogar del final de un año al principio del otro, y que lo repitiese por los siglos de los siglos.

      En la última noche del año mi padre asaba manzanas de los huertos enterrándolas entre las ascuas de la raja, y cuando estaban hechas las partía en partes iguales, la rociaba de vino y azúcar, y nos daba una parte a cada uno para que todos comiéramos de ellas y juntos lo celebráramos.

      Este año que termina ha sido duro, y quedará grabado en el corazón de todos como uno de los peores que hemos vivido, pero estamos a punto de superarlo. Desde estas páginas queremos desearte a ti y a toda tu familia que paséis unas buenas Fiestas Navideñas a pesar de la dolorosa prueba que hemos soportado, y que el próximo año 2021 eche a andar con la ilusión y la esperanza de que pronto salgamos de ésta y lleguen tiempos mejores.

      UN FUERTE ABRAZO PARA TODOS.

Un comentario

  1. Hola Eutiquio, como siempre, tus palabras emocionan, y a pesar de no compartir todos esos recuerdos, puedo imaginar esa lumbre y a mis abuelos Juan y Vicenta, frente al fuego. Este verano debía ser especial, por un reencuentro de amigos de la infancia y adolescencia en Fuentearmegil, no pudo ser por la pandemia pero seguiremos adelante con esos planes, como tú dices con la ilusión y la esperanza de un nuevo año mejor para todos.
    Salud

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