El pastoreo de ganado en la lucha contra los incendios forestales

Desde hace algunos años cada vez aparece más a menudo en los medios de comunicación noticias sobre las ventajas de emplear de rebaños de ovejas y cabras utilizados por organismos públicos como modo preventivo para evitar las consecuencias devastadores de los incendios forestales, que cada vez se producen con más frecuencia y mayor virulencia a causa del cambio climático.

Hace unos meses leí que iban a poner en marcha un proyecto en ese sentido en la provincia de Barcelona, contratando aun rebaño de 60 cabras a cargo de un pastor con el objetivo de que pastasen la hierba espontánea y la maleza que brota en cunetas, jardines y espacios naturales próximos a la capital y en los parques que la rodean.

Más recientemente hemos sabido de una experiencia semejante en la provincia de Córdoba, en la que otros pastor con su rebaño de cabras también de contratación municipal asumía el cometido de limpiar de alas hierbas que crece a ambos lados de la carretera que cruza una urbanización de la sierra y en todos los espacios ajardinados de las inmediaciones de las viviendas. La idea de fondo es prevenir los incendios por el procedimiento básico de eliminar el exceso de vegetación que brota en primavera y que actúa de propagación del fuego.

Llama la atención que estas iniciativas se incluyan en los departamentos relacionados con los bomberos, y que la gente les conozca como «las cabras bomberas», reconociendo la eficacia del servicio público que prestan a los Ayuntamientos con su labor preventiva. Los periódicos no informan sobre la continuidad de estos proyectos, si se tratará de contratos discontinuos, o si la contratación ha sido temporal y su consolidación dependerá de la evaluación técnica que los expertos hagan sobre los resultados que puedan constatarse.

En todo caso, la noticia nos empuja hasta la época de nuestros abuelos, cuando todavía no se había acuñado la expresión «España vaciada», y nuestros pueblos eran una actividad constante de chicos correteando por las calles, padres y madres volcados en los trabajos del campo, y personas mayores sentadas al sol o la sombra según fuera verano o invierno, ocupándose en desmotar alubias o recomponer mudas para que pudieran seguir usándose en un quehacer que con el tiempo darían en llamar reciclaje.

La memoria es muy traicionera, y puede hacernos creer que vivimos episodios que en realidad sólo soñamos o quisimos creer que vivimos, pero también es muy testaruda y no nos permite olvidar aquello que experimentamos y se quedó dentro de nuestra cabeza para siempre.

En aquellos tiempos, además de la yunta para la labranza, muchos vecinos tenían rebaños de ovejas, que careaban todo el año las praderas, y después de la cosecha entraban en los rastrojos limpiando las tierras de espigas olvidadas y paja de desecho, y también en las viñas al terminar la vendimia. En su recorrido de pastoreo ramoneaban estepas, retamas, tomillos y rebrotes de arbustos y mala hierba, dejando el campo aligerado de cualquier vestigio de pasto que pudiera convertirse en combustible en caso de pegarse fuego el monte.

Antes de la mecanización agraria, la abundancia de ganado mayor par el trabajo, hacía que los Ayuntamientos ajustasen vaqueros y muleteros encargados de pastorearlos cuando había que hacer menos con ellos, y representaban también una buena herramienta para dejar los pastizales libres de hierbas de toda clase que pudieran quemarse en caso de incendio.

En tiempos, también hubo bastantes cabras, pero poco a poco cada vez hubo menos y acabaron desapareciendo, a pesar de que eran una buena aportación de carne y de leche antes de que se comercializase como ahora, que podemos encontrarla con mucha mayor facilidad que entonces.

Así, estas noticias de los medios de comunicación sobre organismos oficiales que recuperan el pastoreo de ovejas y cabras cómo medio más eficaz de lucha contra incendios no deseados, nos lleva a un momento de la Historia que parecía que debamos olvidar para siempre jamás. La época en el que los rebaños que careaban por los montes cumplían sin saberlo una función de animales bomberos en la que ni ellos ni nosotros hubiéramos podido pensar de ningún modo.

Por este motivo damos la bienvenida a esta fórmula con regusto tradicional, que consiste en contratar pastores para que limpien con su ganado las cunetas de las carreteras y las zonas verdes de las urbanizaciones residenciales de restos vegetales que al secarse puedan arder como yesca, iniciando o propagando incendios forestales ‘e consecuencias inconmensurables. Una vez más han venido los usos y costumbres de la cultura secular a resolvernos un problema que con los procedimientos técnicos modernos no hemos sido capaces de diseñar y programar alternativas más eficaces. Bienvenidos, pues, los rebaños de ovejas y de cabras a nuestros montes. Con su presencia permanente en ellos lo tienen más difícil los incendiarios intencionados, y será más fácil la detección temprana de los ocasionados por causas naturales.

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