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Sobre la estancia de don Pero Nuño de Fuentearmegil en Tierra Santa.

Sobre la estancia de don Pero Nuño de Fuentearmegil en Tierra Santa.

Recientemente se han terminado las obras de restauración del castillo del Burgo de Osma, y queremos hablar de ello porque algunos de los enigmas descubiertos en sus muros podían ser la prueba de su relación con la Casa nobiliaria que lleva el nombre de nuestro pueblo, que a su vez concuerda con la mención que se hace al «muy noble y leal señor de Fuentearmegil» en el ejemplo 44 del libro del infante Don Juan Manuel escrito en el año 1335. Vamos por partes.

Los estudios hechos durante la restauración financiados por el Ministerio de Cultura han destapado la tecnología empleada por los defensores de la fortaleza para rechazar las numerosas acometidas musulmanas, con la disposición de saeteras inclinadas que facilitaban acosar a los atacantes de forma ventajosa a pesar de ser muy inferiores en número comparados con los enormes ejércitos de los invasores.

Además de estar inclinadas, las saeteras del castillo del Burgo son mucho más estrechas de lo normal para que las flechas enemigas tuvieran más difícil entrar por ellas, y tienen un pequeño agujero por la parte de abajo para la salida de las flechas de los que defendían desde dentro la fortaleza. La importancia del descubrimiento está en que en esa época no se empleaba esa tecnología en ningún lugar de Europa, y sólo se ha encontrado en algunos castillos en Tierra Santa construidos años después por los cristianos que iban a guerrear en Las Cruzadas. Su aparición en Tierra Santa para defenderse de ejércitos superiores pudo ser debida a Pedro González de Lara, que era hijo del Señor del castillo y que viajó a Jerusalén como escolta de la mujer del conde de Tolosa, o de su hermano Rodrigo González de Lara que construyó un castillo en Tierra Santa para donárselo a los caballeros templarios.

Por una parte, sabemos que Fernando de Fuentearmegil profesó en la Orden de los templarios, y por otra conocemos que su hermano Don Pero Nuño pasó muchos años en Tierra Santa según nos cuenta el conde Lucanor en la obra escrita por el sobrino del rey Alfonso X el sabio, que dedica uno de sus famosos Exemplos a exaltar la hazaña de la peregrinación del conde don Rodrigo el Franc acompañado de sus caballeros más fieles, entre los que cita en primer lugar a Don Pero Núñez de Fuentearmegil.

Sabemos que Don Pedro Nuño gobernó el castillo del Burgo a mediados del siglo XII, por lo que podemos suponer que sería uno de los nobles que hicieron posible la construcción de las saeteras inclinadas en el castillo levantado en Tierra Santa siguiendo el modelo construido en la fortaleza del Burgo para defenderse de las huestes musulmanas.

Dicen que el mismo rey salió a recibirles a la entrada del reino de Castilla, y les hizo tantos regalos que durante generaciones sus descendientes vivieron bien con lo que el rey les dio.

La historia de los Señores de Fuentearmegil nos ha llegado envuel’ta en leyenda, pero al mismo tiempo se conservan no pocas huellas y documentos históricos que prueban con total certeza su protagonismo en acontecimientos heroicos. La existencia de saeteras inclinadas en Tierra Santa, las mismas que podemos ver en el castillo del Burgo de Osma si vamos a visitarlas, es una de ellas.

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