NUNCA VOLVERÉ A FUENTEARMEGIL

Con macrogranjas de cerdos, nunca volveré a Fuentearmegil. Las dos cosas que más he apreciado siempre de mi pueblo han sido la pureza del aire y la abundancia del agua de todo el término municipal. Respirar la fragancia de las choperas, el olor profundo de las estepas y los enebros, el aroma reconfortante de los trigos prometiendo, es recuperar el paraíso terrenal de la infancia y seguir creyendo en la buena voluntad de los hombres. Beber agua de un cubillo o de una fuente nacida entre juncos a lo bajero de una pradera, acercarnos andando hasta el río y meter las manos en la corriente para disfrutar del frescor del agua clara corriendo. Subir hasta lo alto del Castillo y sentir que a nuestros pies estaban las casas, las eras, los huertos y el prado cuajado de margaritas y claveles en primavera. Si he conocido otros placeres fuera del pueblo, ninguno de todos ellos puede compararse con estos.

Con macrogranjas de cerdos, nunca volveré a Fuentearmegil. La codicia del dinero va a llevarse por delante el legado más valioso que nos dejaron nuestros padres y nuestros abuelos. Nunca tuvimos mucho de nada, ni comodidades, ni ahorros, ni excesos suntuosos, pero teníamos aire puro, agua limpia y suficientes medios para ir viviendo. Teníamos, sobre todo, honradez y la nobleza de pensar en el bien del pueblo, y no sólo en el nuestro.

Si nuestros abuelos lo supieran, se avergonzarían de la traición de instalar una macrogranja de 4.500 cerdos en las tierras donde ellos sembraron trigo, avena y centeno.

Se contaminará el aire con emanaciones tóxicas, se contaminará la tierra con toneladas de basura desparramada, se contaminarán las aguas con filtraciones de detritus concentrados que alcanzarán los embalsamientos subterráneos. Ni el aire, ni la tierra, ni el agua quedarán libres de la degradación provocada por mano humana.

Con macrogranjas de cerdos, nunca volveré a Fuentearmegil. No quiero oler a basura al respirar. No quiero beber nitratos al abrir el grifo de casa. No quiero asistir a la desertización de la tierra por la sobreexplotación de millones de litros de agua para el mantenimiento de la macrogranja. No quiero asistir a la desaparición de los manantiales naturales que se secarán, de los arroyos a los que les faltará el agua, de las lagunas y balsas que se agotarán sin remedio.

Algún día, los que decidieron este despropósito, políticos y particulares, se declararán inocentes del daño irrecuperable, alegando su desconocimiento y su buena fe al hacerlo. Será tarde, y la Historia les considerará responsables de todos los efectos causados por la codicia del dinero.

Con macrogranjas de cerdos, nunca más volveré a mi pueblo. Y bien sabe dios que lo echaré de menos.

2 comentarios

  1. Una Macro granja de cerdos en Fuentearmegil Para enrriquecer a unos cuantos
    Es Como destruir todo el legado de nuestros antepasados.

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