El Día 2 De Abril Del Año 1924 Se Compró El Coto Redondo

MI HOMENAJE A LAS PERSONAS QUE HICIERON POSIBLE LA COMPRA.

Este año se cumplen 88 años de aquel gozoso día 2 de Abril del año 1924, fecha en que se firmaron las escrituras de tres cuartas partes de la compra del Coto Redondo a su propietario, el Marqués de Castro Serna y Conde de Adanero. La otra parte se firmó tan sólo dos meses después.

Fue un día memorable para nuestros abuelos. Esta fecha fue marcada en el calendario, lo mismo que las grandes fiestas. Celebraron este acontecimiento con volteo y repique de campanas, con bailes amenizados por gaiteros, ya que el acontecimiento lo requería. También nosotros, los que nacimos o tenemos vínculos con estos pueblos del Coto Redondo, debemos recordar esta fecha por lo que supuso para nuestros abuelos la compra, ya que por ello podemos decir que se acabó la vida de casi esclavitud en que se encontraban por las rentas tan altas que les imponía el Marqués de Castro Serna y Conde de Adanero, propietario absoluto del Coto Redondo de Fuentearmegil.

Su administrador era el encargado de hacer llegar las órdenes y las condiciones que ponía su señor a los colonos. Por ejemplo, la subida de las rentas a estas humildes gentes y otras condiciones que señalaré más adelante.

Aquel día fue grande, ya que se firmaron las escrituras de compra-venta, y los colonos pasaron a ser propietarios de las casas en que vivían, los corrales donde guardaban sus animales y los aperos para los trabajos agrícolas, las fincas de renta, los huertos, las hazas y los baldíos, y con ello adquirían el derecho a poder coger leña del campo, pues lo tenían prohibido aun siendo tan necesaria tanto para calentarse como para cocinar en aquellos años en que no se disponía de otras energías. Tampoco antes de la compra podían cazar, puesto que el Conde y su Administrador tenían reservada esta actividad a personas de su entorno. El Conde disponía de unos guardas para tener vigilado todo su Coto. La verdad es que estaban casi como en la inquisición.

Pero antes de llegar al 2 de Abril de 1924 pasaron los humildes colonos muchas noches sin dormir, muchas reuniones, muchas horas de caminar y muchos kilómetros andados y alguna que otra mojadura, ya que los viajes se hacían a pie, en carros y en caballerías. Las comunicaciones se llevaban a cabo por estos medios y por correo postal. Lo antes que podían recibir las cartas sería una semana. Tampoco había teléfono, sólamente lo disponían los más pudientes. Pero aquellos valientes colonos no tenían ni dinero ni bicicletas, y menos coche.

Todo empezó a fraguarse en el mes de septiembre del año 1923, una vez que se habían terminado las labores de la trilla y recogida de la mies, cuando el señor Hilario Romero Llorente, vecino de Santervás, esposo de Francisca Antón, prima de Don Juan José de Pablo Romero, ilustre sacerdote, fue a hacerle una visita a su casa en la calle Mayor de El Burgo de Osma. Fue con mucha angustia, y después del saludo de rigor le dijo, “Vengo a pedirte ayuda, a ver si puedes hacer algo ante el Conde o su Administrador. No podemos aguantar más. La cosecha de este año ha sido mala y nos espera una subida de renta”. Ante las palabras de su familiar, este sacerdote, cuya madre era natural del que era y sigue siendo el pueblo más pequeño del Coto, Santervás, no dudó un momento, y con el amor que tuvo siempre al pueblo de su madre, doña Lorenza Romero, y donde además tenía varios parientes: por una parte la tía Daría Romero y sus sobrinas las hermanas Francisca, Mercedes, Rosalía y Juana Antón Romero, y por otra mi familia materna, que eran mis tatarabuelos Blas Romero, de mote “el abuelo Pasitos”, y Lorenza Martínez, ambos padres de mi abuela Germana, del tío Lucio y de la tía Emilia. Don Juan José siempre quiso lo mejor para las gentes de este pueblo, y lo mismo quiso para los otros tres: Fuentearmegil, Fuencaliente, donde también tenía algún pariente, y Zayuelas, que forman El Coto. Hizo todo lo que estaba en sus manos con el único fin de ayudar a los humildes pobladores del Coto Redondo, tan castigados por las condiciones en las que vivían, tanto del patrón como de las inclemencias del tiempo. Ni la una ni la otra solían ser buenas para estas gentes.

Hay datos que atestiguan que unos años antes pagaban 800 fanegas, y año tras año siguió subiendo la renta hasta que, en el año 1923 llegaron a pagar 2.050 fanegas: mitad de trigo y mitad de centeno. Esto venía a ser más de 88.000 kilos de estos cereales. Y a esto había que añadir el pago de las contribuciones rústicas y urbanas al Estado, cuyo coste ese año podría estar sobre las 5.000 pesetas.

Juan José de Pablo, fue para los que lo conocimos personalmente el tío Pepe, ya que así se le conocía. El que escribe estas letras es pariente muy lejano suyo. Tuve el honor, cuando contaba con ocho años de edad, de ser invitado por este señor junto con el hijo de su sobrina, Luciano Romero Antón, a pasar las vacaciones de Semana Santa en su casa de El Burgo de Osma. Para mí fue muy emocionante ir por primera vez de vacaciones, y también poder ver las condecoraciones que el Gobierno le concedió años después de haber intervenido en la compra del coto, pues era la primera vez que oía hablar de medallas y condecoraciones. También presenciamos desde el balcón de su casa las procesiones del Silencio el día de Jueves Santo y del Santo Entierro el Viernes Santo, y en la Plaza de la Catedral el final de la procesión. Además, asistimos a otros actos religiosos en la catedral durante la semana, salvo el día de Pascua de Resurrección, porque fuimos a la Misa de Resurrección en el Convento de las Madres Carmelitas .

Bien, sigamos con el tema. A los pocos días de recibir la visita de su primo Hilario, se puso en camino y fue a Santervás, donde acostumbraba pernoctar en casa de sus parientes, el señor Teófilo Cabrerizo y la señora Daría Romero junto a sus hijos Jesús y Petra, donde tenía una habitación muy arreglada y preparada siempre a su disposición. Él desde allí preparaba las reuniones con los vecinos colonos en Fuentearmegil, Fuencaliente, Zayuelas y Santervás.

En la primera reunión que tuvo con los vecinos de estos pueblos en Fuentearmegil se dirigió a ellos con un brillante discurso en el cual les manifestó que lo mejor era hablar con el administrador del Conde, ya que había llegado a sus oídos que el noble tenía intenciones de vender. También les dijo que él estaba dispuesto a entrevistarse con él para saber de primera mano si realmente quería vender todas sus pertenencias del Coto Redondo. Con los allí reunidos redactó un escrito que firmaron los vecinos para autorizarle como su representante para que se pusiera en contacto con el Conde o con su administrador. A los pocos días dio fruto y se reunieron en Sepúlveda don Juan José y otras personas, con el señor Ricardo Rivas, que era el encargado por el conde para tratar y saber si quería vender el Coto, y la respuesta fue afirmativa. El sacerdote llevaba un mandato para ofrecer por la compra 600.000 pesetas, lo que se comunicó al Conde, y éste aceptó por medio de telegrama, ya que encontraba fuera del país. Después de unas laboriosas conversaciones don Juan José pudo rebajar 25.000 pesetas del precio pactado en principio, quedando en que el importe sería de 575.000 pesetas incluidas las iglesias y cementerios, así como las casas parroquiales.

Este sacerdote tuvo el apoyo de dos personalidades que le prestaron su ayuda, bien aportando dinero o como avalista. Fueron muchas las dificultades para obtener el dinero, pues era imposible reunir esa cantidad entre los compradores. Fracasaron varias veces con la Caja de Ahorros y con la Junta de Labradores de San Esteban de Gormaz. No todo fue negro y llegaron las buenas noticias. Como he dicho anteriormente, hubo dos buenos y extraordinarios señores: don Felipe del Amo, que aportó una importante cantidad de dinero, y don Luís Ayuso, que avaló ante el Banco de España una gran cantidad de dinero que prestó a los compradores.

En Ayllón se entregaron 2.000 pesetas como señal de la compraventa, firmando don Juan José y también don Jacinto Romero como Presidente del Sindicato Católico Agrícola del Sagrado Corazón de Jesús de Fuentearmegil, sindicato que con anterioridad había sido fundado, y también aprobado en noviembre por los Ministerios de Fomento y Hacienda y por el Obispo de la Diócesis en diciembre del año 1923, empezando a surtir efecto el día 30 de diciembre de 1923. Don Juan José, promotor del Sindicato Católico, y los sindicalistas se llevaron un disgustillo, aunque respetaron, como no podía ser menos, su decisión de no pertenecer al sindicato, lamentando que no integrasen el mismo los vecinos de Fuencaliente. Éstos discrepaban de algunas peticiones o decisiones referente a unas fincas en la vega. Al no pertenecer al sindicato perdieron algunas mejoras en los pagos y en los créditos. Los demás pueblos trataron de convencerles para que se integraran en el sindicato y así hacer frente común en el trato con el Conde, y como no hubo acuerdo se hicieron dos escrituras: una para el Sindicato Católico de los tres pueblos antes citados, y otra para Fuencaliente, que en una entrevista con el Conde había llegado ya a un acuerdo de compra con otra escritura.

El motivo que me ha llevado a escribir este comentario es el de agradecer personalmente y públicamente la buena obra que hicieron aquellas personas como don Juan José de Pablo Romero, don Felipe del Amo y don Luís Ayuso. En su lugar quiero hacerlo llegar a sus descendientes por la gran ayuda que sus antepasados prestaron a nuestros abuelos para que fueran libres, y también a los descendientes y herederos de los componentes de la Junta del Sindicato Católico, y a todos los compradores de los cuatro pueblos y por lo tanto a sus herederos y descendientes. Por su buena obra estos labriegos dejaron de estar siempre pendientes de las condiciones que les imponía el Marqués de Castro Serna y Conde de Adanero, que por cierto, en uno de mis viajes culturales que realicé por Extremadura y en la ciudad de Cáceres, la guía de turismo nos explicaba los monumentos del barrio monumental y nos iba indicando los monumentos, palacios y sus dueños, como condes y marqueses. Con asombro y curiosidad pude ver y contemplar el exterior del palacio del Conde de Adanero, y en ese momento me vinieron a la cabeza muchos recuerdos de mis abuelos y mis padres cuando me contaban historias, todas nada buenas de aquel conde, excepto una, la del día 2 de Abril de 1924, fecha de la compra del Coto Redondo a esos señores.

Como anteriormente he comentado, el tío Pepe siempre tuvo un gran amor por Santervás. Lo demostró cuando hizo testamento: pidió descansar en el cementerio de Santervás, como así es. También tuvo interés para que se construyera la escuela y después la fuente, puesto que la anterior fuente tenía unas bacterias en el agua por las que no era buena para el consumo de las personas e incluso causó bastantes epidemias entre la población que desembocaron en más de un fallecimiento.

Pero aun quería más para Santervás, quería que se construyeran más cosas: un lavadero en la Plaira, poner el agua corriente en las casas, una fuente en las eras, un frontón y la canalización de las aguas para regadío de ambos lados de la vega. Lo intentó, pero los vecinos se echaron para atrás, decían que no había dinero, aunque él les informó de que los materiales los facilitaba gratis el gobierno de aquella época. Existen planos del frontón y del lavadero. Estos proyectos fueron propuestos en los años 1949 y 1950, pero se dio la circunstancia de que al tío Pepe su salud no le respondía, y entre otras dolencias había perdido la vista. Estoy seguro de que si se hubiera dado la circunstancia unos años antes y con buena salud, algún proyecto seguro se habría llevado a efecto y hoy se podía disfrutar.

Antes de terminar quiero contaros dos anécdotas muy llamativas. La primera es que el tío Pepe decía que cuando llegara la hora de morir, que fuera el día de la Virgen del Carmen, como así fue el 16 de julio de 1952. La segunda es que cuando hizo testamento llamó a los parientes de Santervás para informarles de primera mano lo testado por él. Fueron hasta su casa del Burgo el señor Hilario Romero, mi abuelo Nicolás Cabrerizo y mi tío Nemesio Hinojar. Fueron muy contentos por saber lo que les había dejado en el testamento, pero se llevaron sorpresa. Les dijo “Os he llamado para deciros que no esperéis nada de mis bienes. He hecho testamento y se lo dejo todo a las Monjas, a las Hermanitas de la Caridad, y a las sobrinas que me cuidan, Juana y Rosalía”. De vuelta al pueblo volvían algo contrariados y comentaban: “¿Para decirnos esto nos llama, cuando nos lo podía haber dicho por carta y no hacernos perder el día de trabajo y darnos la caminata de tres horas de ida y lo mismo de vuelta que nos hemos dado?”

Os recuerdo a todos que el próximo mes de agosto se va a rendir un homenaje a aquellas personas que hicieron posible la compra del coto, y que durante dos días se van a realizar labores, oficios y faenas de aquella época, así como otras actividades lúdicas. Yo me uno a esta iniciativa dando todo mi apoyo al Ayuntamiento y a la comisión organizadora de estos actos, deseándoles todo lo mejor, seguro que va a salir de primera. Sólo me queda animar a todos los que estamos viviendo fuera de nuestros pueblos para que reservemos unos días y nos acerquemos a participar conjuntamente con los residen habitualmente en los actos para que así vivamos todos unas jornadas extraordinarias e inolvidables.

Pido para todos nuestros antepasados que están en el mas allá o donde estén un recuerdo y una oración y decirles GRACIAS por cuanto hicieron por nuestros pueblos.

Saludos de un nieto agradecido

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