Biografía de Crispín Antón Vicente, de Fuentearmegil

Tengo el gusto de presentar a nuestro paisano, Crispín Antón, religioso, Hermano de la Sagrada Familia, nacido en Fuentearmegil.

Nos cuenta en la revista “Apartado 424”, de los Antiguos Alumnos del colegio de Valladolid, cuál ha sido su trayectoria y vida desde su salida del pueblo hasta la actualidad.

Somos muchos los de estos pueblos (Fuentearmegil, Fuencaliente , Santervás y Zayuelas), los que hemos recibido, en mayor o menor medida, parte de nuestra formación en estos centros. Podemos estar hablando de no menos de 40 personas.

En nuestros pueblos y en muchísimos pequeños pueblos de aquella España, desde los años 40 hasta muy entrados los 70 , y ni que decir tiene anteriormente, eran muy escasas las posibles alternativas de promoción para los niños de aquella generación.

Terminados los años de escuela, las expectativas de futuro se circunscribían a ir a estudiar a estos colegios-seminarios religiosos, que no eran muy caros, seguir trabajando la tierra en el pueblo, ir de pastorcillo con rebaños propios o ajenos y muy pocas otras alternativas. Todo esto cambió poco a poco con el desarrollo que se fue produciendo a partir de los años 60 y la emigración a ciudades y/o pueblos que contaban con otros medios educativos, que proporcionaron nuevas oportunidades de acceder a estudios y profesiones muy diversas.

Esas fueron las razones, el por qué fuimos tantos los que estudiamos precisamente en esta Congregación. Crispín lo explica claramente. El primero que marchó a La Horra, pueblo de Burgos en el que estaba la casa de formación, fue mi tío Eutiquio Cabrerizo, al que siguieron por el boca a boca, poco a poco, Eustaquio, Crispín, Agapito, Baltasar , y así seguimos muchos. De todos los que estuvimos un número muy reducido continuó, unos ocho, creo.

Mi abuelo José Cabrerizo y mis tíos eran los músicos de Fuencaliente. Recorrían los pueblos de los alrededores para tocar en las fiestas, en uno de estos contactos se enteraron de la existencia de esta institución y para allá mandaron al más pequeño de los seis hermanos. Eran otros tiempos y otras circunstancias que nada tienen que ver con los actuales.

Crispín fue mi maestro y profesor y el de otros muchos de los que fuimos de estos pueblos.

Conservo excelentes recuerdos del tiempo que estuve, no pueden ser mejores. He seguido su trayectoria en los diferentes lugares en los que ha desarrollado su labor, que se describen en la entrevista. Me considero afortunado por haber tenido la suerte de seguir manteniendo comunicación y contacto con él y con otros religiosos de esa Congregación, a la que considero un poco como mi casa.

Aprovecho esta oportunidad que se me ofrece para manifestar mi reconocimiento, cariño, admiración y gratitud a éste, para mí, gran hombre, no sólo por la estatura, hombre de convicciones y principios, religioso y catequista ejemplar, austero, trabajador, honesto y generoso, castellano y soriano de pura cepa, amante de su tierra y sus gentes.

Dejo a vuestra disposición la entrevista de la que hablo mas arriba.

Crispin

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