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La España vaciada (7). Si yo fuera alcalde de mi pueblo.

Un grupo de sorianos que viven en Madrid están sentados en una terracita del Retiro a la sombra de un cuadro de castaños de Indias cerca del Estanque, y hablan animadamente mientras esperan que llegue el camarero con lo que han pedido. Uno de ellos comenta que habría que hacer algo para que los pueblos no se queden sin gente y acaben desapareciendo:

-Si yo fuera alcalde de mi pueblo

Concedería seis mil euros por el nacimiento de un hijo y cien euros mensuales hasta que cumpliese seis años.

Contrataría una trabajadora social de ayuda a domicilio con teleasistencia 24 horas.

-Cómo se nota que tienes a tus padres en el pueblo y te interesa que estén bien atendidos.

-Es verdad, no digo que no, pero hay que reconocer que la mayor parte de los que viven allí son mayores, y que una red de televigilancia les daría confianza por si les pasa algo a cualquier hora, día o noche.

Llega el camarero y va colocando delante de cada uno lo que había pedido. Un café con whisky y nata, tres cafés con hielo, dos gintonics, un whisky escocés con mucho hielo, dos mojitos, uno de ellos más cargado de ron que el otro. Se retira dejando la cuenta en una bandejita metálica con una pinza para que la brisa no se lleve el papel volando.

-Pues yo pondría una línea de autobuses diaria para viajar a Soria con paradas en todos los pueblos del recorrido, y alquilaría a bajo precio parcelas de propiedad municipal a gente de fuera que quisiera dedicarse al campo.

-Para eso lo primero que habría que hacer es sacar dinero de algún sitio para dárselo a los padres que tuviesen un hijo, pero no me extrañaría que los únicos jóvenes que se animasen a tener familia fueran extranjeros sin oficio ni beneficio, y habría que escuchar lo que dirían los vecinos de siempre viendo que el dinero se lo quedan los forasteros.

-En algunos pueblos han ido familias españolas con hijos pequeños, y gracias a eso han vuelto a tener escuela.

El quiosco de helados que hay en el paseo que rodea el estanque tiene una fila larga de turistas que esperan su turno. A un niño se le ha caído el helado al suelo y llora como una magdalena pidiendo otro.

-El problema está en que para uno que no ha vivido nunca en un pueblo como los nuestros es difícil acostumbrarse y no siempre da buen resultado.

-Esa es la madre del cordero. ¿Os acordáis que hace unos años se fue a vivir a Yanguas un matrimonio que tenía siete hijos, que participaron en un programa de televisión que se titulaba Esta casa es una ruina?

-Aquello no salió bien, me parece.

-Natural. Creo que eran de Jetafe, si mal no me acuerdo, y apostaría que no habían visto un pueblo de Soria más que en la tele las pocas veces que sale. Encima el marido quiso meterse en política y le salió mal…

-Yo conozco un matrimonio, hijos de sorianos de los que se fueron, que él se quedó en el paro y ella había estudiado Dirección de Empresas, así que se animaron y montaron un taller de puertas y ventanas de PVC en el pueblo de sus padres, y van saliendo adelante.

-De esos hay pocos. Gente joven que vuelva al pueblo del que se fueron sus padres hace treinta o cuarenta años, es lo que necesitaría Soria para levantarse, pero no es fácil poner un negocio nuevo sin contar con ayudas sociales a emprendedores que quieran fijar su residencia en un pueblo de cincuenta o cien habitantes.

-Pocos estaríamos dispuestos a hacerlo. A lo mejor de todos nosotros, ninguno.

Se hace el silencio en el corro alrededor de la mesa, y todos bajan la cabeza y se concentran en lo que están tomando.

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