Las trampas de la memoria

El Antonino se fue de emigrante en cuantohizo el servicio militar, y desde entonces ha vuelto al pueblo en contadas ocasiones: el día que dieron tierra a su padre, Cuando se juntaron los hermanos por algo de la herencia, y poco más. Dicen que no le prueba mucho el pueblo, y él para justificarse cuenta que una de las veces que vino cogió una alergia que le tuvo entre médicos no sé cuántos años.

Parece que el Antonino estuvo estudiando en Francia o en Alemania, que sabe no sé cuántos idiomas y que donde vive debe ser algo importante: diputado, ingeniero o contratista de arriendos. .

Cada vez que viene trae un coche nuevo, y esta vez ha venido con él una mujer muy alta de ojos azules que habla en extranjero, y que le llama Tony.

Los del Ayuntamiento dicen que quiere alquilar todo el terreno que está liego y que paga por ello no sé cuánto dinero, pero el Esteban no acaba de creérselo.

La cosa empezó mal desde por la mañana, cuando el Tomás quiso congraciarse con él por alguna travesura de chicos y le alargó el porrón para que echase un trago:

-¿Pero todavía se usa ese trasto? Esa costumbre es antihigiénica.

Y tuvieron que ir a buscar un vaso para que bebiera.

El alcalde quiso enseñarle los adelantos del pueblo: el tendido eléctrico, el depósito del agua, las líneas del teléfono que había en casi todas las casas...

-La involución económica mundial influirá en la deflacción del desarrollo sostenido local en breve lapso de tiempo.

-Si usted lo dice, Tony... Será verdad eso. Nosotros aquí sembramos y cosechamos lo que podemos.

bajaron por la plaza y torcieron hacia las eras seguidos de todos los que quisieron, donde se veían algunos montones de alubias y garbanzos llevados para que terminaran de secarse, y había algunas herramientas en el suelo: algún trillo, varias horcas y bieldos...

-Y este artefacto estrafalario que parece el maxilar de un dinosaurio antidiluviano, ¿Cómo se llamaba que no me acuerdo?...

-No lo pise, Tony. No lo pise. Se llama...

Al alcalde no le dio tiempo a seguir hablando. El pie del visitante pisó con toda su fuerza sobre aquello que le parecía tan raro y, como si fuese un mecanismo del demonio, se levantó del suelo un gran palo y fue a darle un fuerte golpe en medio de la frente:

-Me cagüen el rastro.

Todos los que les acompañaban pudieron oir la voz destemplada que salió de su boca escupiendo con rabia aquella palabra de la que decía no acordarse.

Fue el Mateo el primero que se atrevió a romper el silencio:

-Antonino.Tú te llamas Antonino y lo demás son zalamerías.

Y luego ya todos empezaron a gritarle el nombre por el que le habían conocido toda la vida, y a echarle en cara que renegara del pueblo:

-Enseña a todos la cicatriz del cantazo que te arreé cuando te pillé robando en el huerto.

-Seguro que tampoco te acuerdas de cuando merendábamos en mi casa pan con cebolla y tocino blanco porque en la tuya no teníais ni eso.

-Ni cuando te chingaste un barrilentero de vino a la sombra de los tresnales mientras los demás segábamos.

El antonino echó a correr seguido de la mujer que le acompañaba hasta subirse al coche, y se marchó huyendo del pueblo.

Algunos dicen que no había llegado a ser nada en la vida y que estaba en el paro desde hace años y no tenía donde caerse muerto.

E.C.C.

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Última actualización: 3/01/2015

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